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CARTA DEL VICARIO EPISCOPAL MANUEL POZO OLLER A LOS COFRADES 2014

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La Palabra de Dios: fuente de la espiritualidad cofrade

Muchos han escrito que las imágenes sagradas son la biblia de los sencillos. Siendo verdad esta afirmación, avalada suficientemente por el magisterio de la Iglesia y la tradición católica, en el momento presente por las especiales circunstancias que nos han tocado vivir, todo cristiano, especialmente aquellos que gustan y tienen vocación para el culto público agrupados en las hermandades y cofradías, debemos ante el mundo “dar razón de nuestra esperanza” (1Pe 3,15). Para esta tarea apasionante y difícil la Palabra de Dios es “camino, verdad y vida” (Jn 14,6).

 

El Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (24 de noviembre de 2013, clausura del Año de la Fe, solemnidad de Jesucristo rey del Universo) nos recuerda que las “Sagradas Escrituras son fuente de la evangelización” y advierte de la necesidad de “formarse continuamente en la escucha de la Palabra” (n. GE 174) proponiendo un estudio serio y perseverante de la Biblia, así como su lectura orante tanto a nivel personal como comunitario (GE 175), contemplación de la Palabra que alcanza su momento culminante en la proclamación dentro de la Eucaristía. Leyendo los números que hemos citado más arriba de la exhortación apostólica viene a nuestra memoria la acertada aseveración de san Jerónimo cuando escribía que “desconocer la Sagrada Escritura es desconocer a Jesucristo”.

         No es tarea baladí ni secundaria iniciar en los misterios de nuestra fe con el conocimiento y la contemplación de los textos sagrados. En este particular habría que insistir en la importancia de la Palabra de Dios en el proceso de la iniciación cristiana que, por otra parte, habría de ser condición para aquellos que solicitan pertenecer a una hermandad o cofradía ya que tendría que ser práctica habitual en nuestras hermandades y cofradías exigir para ser hermano o hermana de pleno derecho haber recibido con la debida preparación los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía. Es obvio que una buena formación bíblica, espiritual y humana hace cristianos adultos en la fe y comprometidos con la acción apostólica de la Iglesia. Es en ese momento cuando la imposición de la medalla corporativa se convierte en signo del compromiso cristiano adquirido y muestra su pertenencia a la Iglesia.

La Palabra de Dios, en consecuencia, es la fuente primordial de la espiritualidad cristiana porque genera y sostiene la fe. Tanto para los que aspiran a ser hermanos como a los que ya viven su compromiso las hermandades y cofradías deben ofrecer la posibilidad de conocer y orar con la Palabra de Dios. Sería aconsejable que las Juntas de Gobierno, bajo la orientación de sus Consiliarios, favorecieran la creación de grupos de espiritualidad bíblica. Para esta tarea puede ser un buen apostolado facilitar a los hermanos las ediciones económicas impresas de los Evangelios de cada año que ya gozan de una aceptación grande entre los fieles. Asimismo sería una iniciativa loable que las hermandades y cofradías, unidas a la parroquia donde tiene su sede canónica, organicen semanas de la Biblia, conferencias de interés sobre temas bíblicos e incluso promuevan algún grupo bíblico con reuniones periódicas.

La experiencia nos dice que aquello que más nos mantiene y enfervoriza la fe, es escuchar, con las condiciones adecuadas, la Palabra de Dios en cualquiera de las formas en que la Iglesia tan variadamente nos la ofrece tales como en la proclamación en el marco litúrgico y comunitario, en la predicación dentro de la eucaristía y con motivo de actos de culto propios, en las exhortaciones y retiros, y en cuantas ocasiones sean necesarias. El retiro espiritual de Cuaresma, que debe incluir la recepción de los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía, no debe faltar en ningún hermano cofrade como medio excelente para prepararse para el Triduo Sacro y la Pascua así como para vivir con pasión la procesión de sus titulares. En alguna ocasión puede ser conveniente que las hermandades se unan a los retiros que de manera habitual se organizan en las distintas parroquias o bien al tradicional retiro que organiza la Vicaría episcopal para el Apostolado seglar desde hace muchos años coincidiendo con el primer domingo de Cuaresma.

Además de estas ofertas que nos hacen parroquias y hermandades debemos apreciar la enorme importancia que tiene nuestro contacto personal con la Palabra de Dios. Me refiero a las diversas lecturas privadas de la Palabra de Dios tanto de la Biblia como de los grandes autores espirituales, libros de espiritualidad, documentos de la Iglesia, especialmente de su magisterio, que nos ayudan a entender. Me refiero a aquello que se llamó tradicionalmente la lectura espiritual, y que en buenas cuentas es una escucha más personal y privada de la Palabra. Si los aficionados a la lectura tienen sus libros de cabecera, el cristiano debería tener siempre a mano la Biblia especialmente el Nuevo Testamento y sobre todo los Evangelios.

En la lectura cristiana de la Biblia, los Evangelios ocupan lugar central. Los Evangelios son la Palabra de Dios en el sentido más denso, puesto que ahí se recogen las palabras y actitudes de la persona misma de Dios. Un cristiano podría ignorar otros libros de la Biblia pero no los Evangelios. Leer los evangelios con actitud de discípulo, es encontrarse con Jesús. Sin lugar a dudas volver al Evangelio y ponerlo en práctica es el mejor camino de renovación para nuestras hermandades y cofradías.

Por tanto, la pastoral bíblica es camino excelente para potenciar en nuestras hermandades la experiencia de la fe. Todas las demás fuentes de la espiritualidad -los sacramentos, actos de piedad, procesiones- suponen la fe y celebran la fe. San Pablo nos recuerda que la fe viene de la predicación de la Palabra (Rom 10, 14 ss) y Jesús nos dirá que el auténtico seguidor de su persona es aquél que escucha la Palabra, la acoge y la practica (Mt 7, 21 ss.; Lc 11, 27 y 28). El fruto espiritual está en proporción a la acogida de la Palabra tal y como se nos presenta bellamente en la parábola del sembrador (Mt 13, 1- 23).

El Papa Francisco en el mensaje de esta Cuaresma nos recuerda que el tesoro de la fe que es Jesucristo nos urge “a experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado” porque “es indispensable que la Palabra de Dios “sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial ” (EG 174. Cf. Benedicto XVI, Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 2010), 1: AAS 102 (2010), 682).

Manuel Pozo Oller,

Vicario Episcopal

17/03/2014 09:27 Paso Celeste ;?>

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